España puso fin en 2025 a una transformación de más de una década: el cierre de la red de acceso de cobre de Telefónica. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) contabiliza 8.526 centrales cerradas progresivamente entre 2015 y 2025. El último bloque, formado por 661 centrales repartidas por el país, dejó de prestar accesos de cobre el 27 de mayo de 2025.
La fecha es importante, pero también lo es precisar el alcance. El apagado afecta a los pares de cobre de la red de Telefónica y a los operadores que los utilizaban mediante servicios mayoristas. No significa que desaparezca la telefonía fija, sino que la conexión pasa a prestarse sobre fibra óptica, acceso fijo inalámbrico o, en algunos casos, satélite.
De las primeras pruebas al cierre completo
Las reglas regulatorias comenzaron a tomar forma en 2009. Telefónica comunicó en 2014 el cierre de las dos primeras centrales, situadas en Sant Cugat del Vallès (Barcelona) y Torrelodones (Madrid), y la clausura efectiva llegó en noviembre de 2015. La CNMC adaptó después el procedimiento en 2016 y 2021 para ordenar los plazos y proteger a los operadores que dependían de la red mayorista.

El ritmo se aceleró al final. Según la cronología oficial, en octubre de 2024 se alcanzó un récord de 4.903 centrales cerradas durante ese año. La última tanda completó el proceso siete meses después. Desde ese momento, ni Telefónica ni otros operadores pueden volver a utilizar los pares de cobre asociados a esas centrales.
Qué cambia para el usuario
El efecto visible es el final del ADSL y de la telefonía tradicional apoyada en esa red de acceso. Los clientes que seguían conectados por cobre tuvieron que migrar a otra tecnología. La alternativa no fue necesariamente la misma en todos los domicilios: la CNMC cita fibra, accesos fijos inalámbricos y satélite, una distinción relevante en lugares donde llevar FTTH hasta cada inmueble no resulta viable.
La fibra aporta más capacidad, menor latencia y mayor estabilidad. Telefónica calcula además que una central de fibra puede atender tantos accesos como cuatro de cobre y sostiene que su red fija de fibra reduce hasta un 94 % el impacto ambiental frente al cobre para un consumo de datos equivalente. Es una estimación de la propia operadora, no una medición independiente.
Para el usuario, el cambio también modifica la dependencia energética del teléfono fijo: los servicios de voz sobre el router necesitan alimentación eléctrica en casa. Es una consecuencia práctica que conviene considerar junto con otras retiradas de redes heredadas, como el apagado del 3G y sus equipos afectados.
España, adelantada en Europa, pero sin un ranking mundial
El informe de BEREC sobre la retirada del cobre situaba a España y Noruega con cierre completo previsto para 2025. Francia, Portugal, Luxemburgo y Dinamarca aparecían con horizonte 2030, mientras Suecia figuraba para 2026. En España, el regulador europeo registraba que al terminar 2024 ya se había apagado el 91,7 % de los repartidores principales y el 66 % de las líneas de cobre.
Estos datos permiten afirmar que España estuvo entre los países europeos más adelantados. Telefónica se presentó además como líder de la transición entre las operadoras europeas y latinoamericanas. Sin embargo, las fuentes consultadas no ofrecen un ranking mundial homogéneo que permita sostener que España fue, de manera absoluta, el primer país del planeta.
También debe distinguirse el cierre técnico de la demolición de una central. BEREC explica que apagar un repartidor y sus líneas no implica necesariamente abandonar el edificio: muchas ubicaciones pueden reutilizarse para FTTH. Por tanto, el hito confirmado es el fin del uso de la red de acceso de cobre regulada, no la retirada física inmediata de cada cable o inmueble.








