MasOrange y Ericsson han probado tecnologías de acceso móvil en la banda de 6 GHz con las que buscan preparar redes de mayor capacidad para la próxima década. La operadora sitúa la llegada prevista del 6G hacia 2030, pero esta validación no implica un lanzamiento comercial y la banda todavía no está licenciada en España para uso móvil.
Más antenas y señal dirigida para exprimir cada nodo
La validación se ha centrado en arquitecturas de antenas activas que pasan de configuraciones de 64 transmisores y receptores —64TR— a otras de 256TR. No significa que un teléfono vaya a tener más antenas: son elementos instalados en el nodo móvil que permiten manejar más flujos de señal de forma simultánea. Sobre esa base, las pruebas también emplearon beamforming, una técnica que orienta dinámicamente la señal hacia donde están los dispositivos conectados.
Ese enfoque busca utilizar el espectro con más precisión que una emisión amplia e indiscriminada. Si varios usuarios se concentran en una estación, una calle o un recinto, la red puede dirigir recursos hacia esa zona. MasOrange calcula que la combinación de las soluciones validadas podría multiplicar por cuatro la capacidad disponible de cada nodo móvil. Es una capacidad potencial ligada a la prueba tecnológica, no una velocidad comercial medida para clientes.
Los 6 GHz siguen sin licencia para uso móvil en España
El principal límite es regulatorio. La banda de 6 GHz todavía no está licenciada en España para este uso, por lo que el ensayo no anticipa una activación inmediata en las antenas actuales.
La investigación sí permite ensayar una pieza relevante del debate sobre el 6G: cómo sostener mucho más tráfico sin depender solo de instalar nuevos emplazamientos. Las frecuencias de 6 GHz ofrecen margen para transportar grandes volúmenes de datos, aunque su alcance y penetración pueden exigir una planificación de red más densa que en bandas bajas.
El 6G apunta a conectar objetos, vehículos y réplicas digitales
Más allá de las descargas rápidas, MasOrange vincula estas redes con la sensorización integrada con comunicaciones: la misma infraestructura podría transmitir datos y contribuir a detectar elementos del entorno. Entre los posibles usos figuran el seguimiento de activos, la movilidad autónoma y los gemelos digitales, réplicas virtuales actualizadas con datos de una fábrica, una ciudad o una infraestructura física.
Quedan años para comprobar qué aplicaciones justifican esas capacidades fuera de las demostraciones. De momento, la prueba con Ericsson define una dirección técnica: más elementos de antena, haces de señal más precisos y una banda que aún necesita encaje regulatorio. El salto al 6G dependerá de que esas tres piezas avancen a la vez.








