La Agencia Espacial Europea (ESA) ha formalizado la misión MAGPIE con ispace-Europe, la empresa elegida para construir, desarrollar y llevar a vuelo este vehículo de exploración. El acuerdo se celebró el 1 de septiembre en Copenhague y pone en marcha un proyecto que apunta al polo sur de la Luna para estudiar la presencia de agua y el subsuelo.
El rover será el primero de la ESA destinado a rodar sobre la Luna. Su nombre responde a Mission for Advanced Geophysics and Polar Ice Exploration, una misión centrada en geofísica avanzada y exploración de hielo polar. MAGPIE no busca únicamente confirmar si hay agua: deberá detectarla y medirla, junto a otros volátiles, el nombre que reciben los materiales capaces de evaporarse con facilidad en determinadas condiciones.
Un laboratorio móvil para analizar el terreno del polo sur
La misión también estudiará la geología que queda bajo el suelo lunar. Ese matiz es importante: conocer la composición y la estructura del subsuelo puede ayudar a entender dónde se concentran los materiales y cómo se han conservado. En vez de limitarse a tomar imágenes del terreno, MAGPIE está pensado para obtener información directa mediante instrumentos capaces de examinar capas que no se ven desde la superficie.

Entre su equipo figuran un taladro, un analizador de volátiles, un radar de penetración terrestre y un detector de neutrones. El taladro permitirá acceder al material del terreno; el analizador examinará los compuestos extraídos; y el radar servirá para observar estructuras bajo la capa exterior. El detector de neutrones, por su parte, puede aportar indicios sobre la presencia de hidrógeno, un elemento especialmente relevante cuando se investiga agua. La combinación busca relacionar las muestras con lo que hay alrededor y debajo de ellas.
Diez días terrestres para completar las observaciones
MAGPIE está diseñado para operar aproximadamente 10 días terrestres en el polo sur lunar. Es una ventana breve para un trabajo que reunirá desplazamiento, perforación, análisis y observaciones geofísicas. El rover deberá llegar con sus sistemas y sus instrumentos preparados para ejecutar una campaña científica concentrada.
ispace-Europe ejercerá como contratista principal. Su responsabilidad abarca la construcción y el desarrollo del rover, además de prepararlo para el vuelo. La formalización no significa que el vehículo esté terminado ni que haya comenzado las pruebas de la misión en la Luna; confirma la fase industrial necesaria para transformar la propuesta en una nave lista para viajar y trabajar fuera de la Tierra.
El lanzamiento se proyecta para 2029 a bordo de Mission 4
El calendario sitúa el lanzamiento en 2029. MAGPIE viajará en el módulo de aterrizaje Mission 4 de ispace, dentro de una colaboración entre la ESA y la agencia espacial japonesa JAXA. El aterrizador será la plataforma que lleve al rover hasta la superficie, mientras que MAGPIE asumirá después la parte móvil de la exploración científica. Las fechas siguen siendo una planificación y pueden variar durante el desarrollo de una misión espacial de esta complejidad.
Además de su objetivo científico, el proyecto inaugura una línea concreta dentro del programa Moon Explore: será la primera misión lunar pequeña de la ESA en ese marco. La escala no cambia el interés de sus datos. Concentrar un taladro, sensores y sistemas de análisis en un rover permite investigar el lugar donde se toman las mediciones, algo muy distinto de observar la Luna a distancia o examinar muestras que han viajado hasta la Tierra.








