IKEA tiene en España un mercado digital que permite comprar y vender muebles usados entre particulares. La propuesta recuerda a Wallapop por su enfoque local, pero limita los anuncios a productos de la marca sueca y añade datos de catálogo, pagos y protección al comprador. El proyecto comenzó como un piloto en Madrid y Oslo en agosto de 2024, antes de extenderse a toda España y Noruega en diciembre de ese mismo año.
La función puede encontrarse desde los servicios digitales de IKEA, incluida su aplicación, aunque el mercado también dispone de una web propia. No es una tienda convencional: vendedor y comprador acuerdan la operación directamente. La plataforma facilita la publicación del anuncio, la reserva y el cobro, mientras que la entrega se organiza de forma local entre las dos personas.
Cómo funciona el mercado de segunda mano de IKEA
Para vender, el usuario fotografía el artículo y la plataforma puede completar información del producto, imágenes de catálogo, medidas y una sugerencia de precio. Tras cerrar la venta, es posible recibir el dinero mediante transferencia bancaria o elegir una tarjeta regalo de IKEA. En este último caso, la compañía añade un 15% al importe de la venta para gastarlo en sus tiendas o por internet.

En la parte compradora, los anuncios se ordenan por proximidad y el interesado puede chatear con el vendedor, pagar para reservar el producto y concertar la recogida. La web española indica que la protección al comprador, cuyo coste habitual es el 5% del precio, será gratuita hasta el 1 de enero de 2027. No se anuncia un sistema general de envíos: el funcionamiento descrito está orientado a transacciones y recogidas locales.
El servicio está reservado a socios de IKEA Family. Solo admite muebles y accesorios auténticos de IKEA que sean seguros y utilizables; quedan fuera los alimentos, colchones y electrodomésticos. Además, el equipo de atención al cliente revisa los anuncios antes de publicarlos. Las condiciones aclaran un matiz importante: el contrato de compraventa se celebra entre comprador y vendedor, no con IKEA.
España fue uno de los dos mercados de estreno
Madrid compartió el primer piloto con Oslo, pero España tuvo un papel central como banco de pruebas. Entre agosto y diciembre de 2024, IKEA contabilizó 119.778 visitas en el mercado madrileño, una valoración media de 4,4 sobre 5 y más de la mitad de visitantes menores de 35 años. Seis de cada diez ya utilizaban mercados de segunda mano; HEMNES, MALM y BESTÅ estuvieron entre las series más vendidas.
Los resultados llevaron a ampliar la plataforma a todo el territorio español. Después llegó la expansión europea: en enero de 2026, Ingka Group confirmó que el servicio estaba activo en España, Noruega, Portugal y Polonia, y anunció Suecia como quinto mercado. El grupo fijó además el objetivo de alcanzar 170.000 anuncios durante 2026. La experiencia española dejó así de ser una prueba aislada para convertirse en modelo de despliegue.
No es lo mismo que el Mercado Circular
La diferencia práctica está en quién vende. En el mercado entre particulares, IKEA aporta la plataforma y herramientas, pero el producto pertenece a otro usuario. En el Mercado Circular, en cambio, la propia cadena ofrece artículos de exposición, descatalogados, ligeramente dañados o recomprados, que se reservan en línea y se recogen en tienda.
También conviene matizar la idea de que existe un «Wallapop dentro de la app». IKEA confirma el acceso móvil y mantiene una plataforma web específica, pero sus páginas públicas no detallan qué partes del proceso se ejecutan de forma nativa y cuáles se abren como servicio web. Lo comprobado es que el usuario puede publicar, buscar, conversar, reservar y pagar dentro del ecosistema digital de la compañía, con reglas más cerradas que un mercado generalista.
La iniciativa encaja en una tendencia más amplia: las aplicaciones comerciales incorporan servicios que antes vivían por separado, igual que otras plataformas móviles están sumando nuevas funciones basadas en IA. En el caso de IKEA, el valor no está en añadir otro catálogo, sino en aprovechar los datos de sus propios productos para simplificar la reventa y prolongar su vida útil.








