NASA ha seleccionado la misión PRIMA para avanzar a la fase B de desarrollo, el paso en el que se concreta el diseño preliminar y se desarrollan las tecnologías necesarias antes de construir el observatorio. Será la primera misión de la nueva clase Probe Explorers, integrada en el programa Explorers de la agencia.
PRIMA, siglas de PRobe far-Infrared Mission for Astrophysics, está concebida para observar el universo en infrarrojo lejano. Esa parte del espectro permite analizar la radiación emitida por materiales fríos, entre ellos polvo cósmico, que resulta difícil de estudiar con telescopios ópticos. El observatorio contará con un telescopio de aproximadamente 1,8 metros de diámetro para realizar sondeos profundos y sensibles.
Planetas, galaxias y el agua del universo
La misión buscará aclarar cómo se forman los planetas, las estrellas y los agujeros negros, además de seguir la evolución de las galaxias. NASA también prevé emplearla para investigar el origen y la acumulación de polvo, elementos pesados y agua en el universo. El infrarrojo lejano permitirá abordar esos procesos desde las regiones donde se concentra material frío y opaco a otras longitudes de onda.
El lanzamiento está previsto para 2033 y la duración científica planificada es de cinco años. Ambas previsiones dependen de una revisión de confirmación, al igual que el límite de coste del proyecto. PRIMA todavía debe superarla antes de pasar a la fase C, que daría inicio a la implementación y a la construcción definitiva de la misión.
El Jet Propulsion Laboratory gestionará PRIMA, con participación de los centros Goddard y Marshall de NASA y contribuciones internacionales. La decisión anunciada el 23 de septiembre sitúa el proyecto en su fase de diseño y desarrollo tecnológico, pero no confirma todavía su construcción definitiva.








