La NASA aprovechará el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 para mirar el Sol y la atmósfera desde una posición poco habitual: por encima de las nubes. Un avión científico WB-57 seguirá la sombra de la Luna con cuatro cámaras, mientras equipos universitarios lanzarán globos en Islandia y España. La campaña permitirá comparar la corona solar en varias longitudes de onda y medir cómo responde la parte baja de la atmósfera al súbito oscurecimiento.
No se trata de un vuelo turístico ni de una retransmisión concebida solo para obtener imágenes espectaculares. El objetivo es ampliar el tiempo útil de observación y registrar fenómenos que desde tierra pueden quedar ocultos por las nubes o filtrados por la propia atmósfera. Para el público, la parte visible será el eclipse; para los investigadores, será un experimento natural de apenas unos minutos y difícil de repetir en las mismas condiciones.
Un laboratorio a 15.000 metros de altura
El WB-57 volará a unos 15.000 metros y llevará en el morro el instrumento SAMI, desarrollado por el equipo SCIFLI del Centro de Investigación Langley de la NASA. Sus cuatro cámaras capturarán la corona en distintas bandas de luz visible e infrarroja, a un ritmo de al menos 20 imágenes por segundo. Esa combinación permitirá seguir estructuras, flujos y cambios rápidos que una fotografía convencional no separa con el mismo detalle.
El avión se desplazará a unos 740 km/h a lo largo de la trayectoria del eclipse. Desde un punto fijo en tierra, la totalidad alcanzará como máximo dos minutos y 18 segundos; al perseguir la sombra, la NASA espera acercarse a tres minutos de observación continua de la corona. La ganancia parece pequeña en tiempo cotidiano, pero añade decenas de segundos a un fenómeno que solo ofrece una ventana muy breve.
La altura aporta una segunda ventaja: deja por debajo la mayor parte de las nubes y reduce la cantidad de atmósfera que atraviesa la luz antes de llegar a las cámaras. Algunas longitudes de onda infrarrojas son absorbidas en las capas bajas y apenas se han empleado para observar la corona. Por eso el WB-57 no es simplemente una plataforma estable, sino una forma de acceder a información que un telescopio terrestre puede perder.
Las cámaras ya volaron durante el eclipse total del 8 de abril de 2024. El equipo ha ajustado los tiempos de exposición para evitar que las zonas más brillantes vuelvan a quedar sobreexpuestas y empleará software desarrollado desde entonces para procesar los datos con mayor rapidez. La comparación entre ambas campañas también importa: la actividad del Sol cambia y cada geometría revela estructuras diferentes.
Qué buscan en la corona solar
La corona es la atmósfera exterior del Sol y alcanza temperaturas próximas al millón de grados, mucho más altas que las de la superficie visible. Durante la totalidad, el disco lunar tapa la parte más brillante y permite observar esa región tenue con un contraste excepcional. Las imágenes de SAMI servirán para estudiar cómo se forman las protuberancias, cómo se calienta la corona y qué relación existe entre su material y el viento solar.
Ese último punto conecta el experimento con efectos prácticos. El viento solar recorre el sistema solar y puede influir en satélites, comunicaciones y operaciones espaciales. Una observación de tres minutos no resolverá por sí sola la física de la corona, pero sí ofrecerá una secuencia multiespectral de alta cadencia con la que poner a prueba modelos y comparar estructuras vistas en diferentes bandas.

Seis globos sobre España para medir ozono
La campaña atmosférica funcionará en paralelo. El Nationwide Eclipse Ballooning Project, dirigido por Angela Des Jardins desde la Universidad Estatal de Montana y respaldado por la NASA, enviará estudiantes de varias universidades a Islandia y España. En territorio español, tres equipos lanzarán seis globos equipados con cámaras de 360 grados e instrumentos para medir ozono.
El ozono necesita luz solar para formarse. En el eclipse de abril de 2024, experimentos similares detectaron una disminución durante la totalidad. Ahora se podrá comprobar cómo cambia esa respuesta cuando el oscurecimiento llega a otra hora del día y en otra estación. Las cámaras, por su parte, observarán desde arriba el avance de la sombra lunar y aportarán contexto visual a las mediciones.
En Islandia, dos equipos lanzarán 80 globos desde 18 horas antes del eclipse hasta ocho horas después. Medirán la capa límite, la zona de la atmósfera en contacto con el suelo, cuyo espesor depende de variables como la temperatura superficial y la humedad. Campañas de 2023 y 2024 observaron que esa capa se reducía con cielo despejado, pero no bajo nubes; las largas jornadas estivales islandesas ofrecen un escenario distinto para comprobar el patrón.
Qué cambia para quien siga el eclipse
Para el observador, la campaña explica por qué habrá actividad científica en el aire antes, durante y después de la totalidad. No modifica las precauciones: fuera de la fase total, mirar el Sol directamente sigue requiriendo protección ocular homologada. La NASA también ha anunciado una retransmisión con imágenes desde Islandia y España, útil si la meteorología local impide ver el cielo.
Quien busque otra perspectiva del fenómeno puede consultar el vuelo de Iberia preparado para observar el eclipse desde más de 10.000 metros. En el caso del WB-57, sin embargo, la diferencia esencial está en la instrumentación y la trayectoria científica: cámaras calibradas, observación infrarroja y una ruta diseñada para aumentar el tiempo dentro de la sombra.
El eclipse del 12 de agosto será así dos experimentos simultáneos: uno dirigido hacia la corona solar y otro hacia la atmósfera terrestre. Las mediciones del avión y los globos no competirán con la observación pública, sino que convertirán unos minutos de oscuridad en datos comparables con los obtenidos en campañas anteriores.








