La carrera por construir centros de datos de inteligencia artificial también se libra fuera de los chips. xAI ha acordado un calendario para retirar las turbinas de gas móviles que suministran electricidad a su complejo Colossus 2, situado en Southaven, Misisipi, junto al área metropolitana de Memphis. La empresa se compromete a desmontarlas de forma gradual mientras prepara una instalación energética permanente.
El acuerdo fija una cifra y una fecha concretas: las 69 turbinas temporales deberán desaparecer antes de julio de 2027. Hasta entonces, una parte podrá continuar funcionando para mantener operativo el centro de datos. El plazo ha reavivado las críticas de asociaciones vecinales y medioambientales, que consideran demasiado lenta la retirada de unos equipos transportables.
Electricidad rápida para un centro de datos gigantesco
Colossus nació con una velocidad de construcción poco habitual. Los grandes conjuntos de aceleradores utilizados para entrenar modelos de IA necesitan una alimentación eléctrica estable, refrigeración y conexiones capaces de mover enormes cantidades de datos. Levantar los edificios y montar los servidores puede ser más rápido que conseguir toda la potencia necesaria de la red pública.
Las turbinas de gas móviles resolvieron ese cuello de botella. Pueden transportarse en remolques, instalarse cerca del centro y empezar a generar energía sin esperar varios años a una nueva subestación. Esa flexibilidad tiene una contrapartida: queman gas, producen ruido y emiten contaminantes atmosféricos. Cuando muchas unidades trabajan juntas, dejan de parecer una solución de emergencia y se comportan como una central eléctrica de gran tamaño.
La discusión legal se ha centrado precisamente en su carácter temporal. xAI defendió que los equipos móviles no debían tratarse igual que una planta estacionaria, mientras organismos públicos y colectivos demandantes sostuvieron que su uso continuado exigía autorizaciones ambientales. La condición de “portátil” no elimina por sí sola el impacto acumulado de decenas de turbinas funcionando durante meses.
Una retirada gradual hasta el verano de 2027
El calendario forma parte de una orden acordada con el organismo medioambiental de Misisipi. No implica que las 69 unidades vayan a apagarse inmediatamente. La compañía pretende retirarlas por fases a medida que disponga de una fuente permanente capaz de sustituir su producción.
El destino previsto es una planta de ciclo combinado que xAI está preparando bajo un procedimiento ordinario de autorización. La instalación alcanzaría una potencia aproximada de 1,2 gigavatios, suficiente para mostrar la escala energética de las nuevas fábricas de IA. Un gigavatio equivale a la potencia de una central eléctrica importante, aunque el consumo real varía según la carga de trabajo y el número de servidores activos.
El ciclo combinado aprovecha una turbina de gas y reutiliza parte de su calor para producir vapor y generar más electricidad. Es más eficiente que muchas unidades móviles trabajando por separado, pero continúa dependiendo de un combustible fósil. La sustitución puede reducir emisiones por cada unidad de energía producida sin convertir el complejo en una instalación libre de carbono.
El coste ambiental de entrenar inteligencia artificial
La polémica de Colossus expone una parte poco visible de la inteligencia artificial. Una consulta a un chatbot parece una operación completamente digital, pero detrás existen aceleradores que consumen electricidad, sistemas de refrigeración, redes y generadores de respaldo. Cuanto más grandes son los modelos y más usuarios los utilizan, mayor es la presión sobre esa infraestructura.
Las comunidades cercanas soportan los efectos de decisiones tomadas para atender una demanda mundial. Los óxidos de nitrógeno generados por la combustión contribuyen a la formación de contaminación atmosférica y pueden agravar problemas respiratorios. Por eso las autorizaciones no se limitan a un trámite administrativo: determinan límites, controles y mecanismos para vigilar qué se emite.
También existe una cuestión de transparencia. Las cifras sobre turbinas instaladas y activas han variado durante el conflicto, en parte porque los equipos podían trasladarse y porque distintas instalaciones de Colossus se encuentran a ambos lados de la frontera estatal. Un inventario público y mediciones continuas permitirían comprobar si la retirada se cumple realmente.
La energía se convierte en el nuevo límite de la IA
Durante los primeros años del auge generativo, el principal problema era conseguir suficientes GPU. Ahora la electricidad, el agua para refrigeración y la capacidad de conexión a la red condicionan dónde y a qué velocidad puede crecer un centro de datos. Las empresas están financiando subestaciones, comprando generadores e incluso negociando directamente con centrales eléctricas.
El acuerdo de Colossus 2 no cierra el debate. Garantiza que la solución temporal tiene fecha de caducidad, pero permite mantenerla casi un año y la reemplaza por otra infraestructura basada en gas. La potencia de cálculo de la IA depende cada vez más de decisiones energéticas con consecuencias locales y duraderas. El reto ya no consiste únicamente en fabricar procesadores más rápidos, sino en demostrar que la expansión puede realizarse con permisos claros, controles verificables y un coste ambiental asumible.








