Comprar una Xbox en Europa vuelve a ser más caro. Microsoft ha aplicado una nueva subida a su familia de consolas y el modelo más completo, la Xbox Series X con lector de discos, alcanza ya los 799,99 euros. La revisión también afecta a Series S y a la versión digital de Series X, de modo que la opción que nació como puerta de entrada económica a la generación actual se acerca ahora a precios que hace unos años pertenecían a equipos de gama alta.
El movimiento resulta especialmente llamativo porque llega cuando las máquinas llevan varios años en el mercado. Tradicionalmente, una consola reducía su precio a medida que maduraba su proceso de fabricación. Esta generación está recorriendo el camino contrario: los problemas de suministro, el encarecimiento de componentes y la estrategia comercial de las plataformas han terminado por romper esa regla.
Así quedan los precios de Xbox en Europa
La Xbox Series S de 512 GB pasa a costar 499,99 euros, mientras que la variante con 1 TB sube hasta 599,99 euros. Por encima queda la Xbox Series X totalmente digital, cuyo precio recomendado se sitúa en 749,99 euros. La Series X tradicional, equipada con unidad óptica, alcanza los 799,99 euros.
La diferencia entre modelos ya no se limita a la potencia. La capacidad de almacenamiento y la presencia del lector condicionan cuánto habrá que pagar a largo plazo. Una consola digital obliga a comprar los juegos en línea, mientras que el lector permite aprovechar discos usados, préstamos y ofertas físicas. Para una persona que compra muchos títulos, esos cincuenta euros de diferencia pueden recuperarse con relativa rapidez.
Microsoft también retirará progresivamente la versión de 2 TB. La compañía ha explicado que el coste de la memoria y del almacenamiento para sus consolas se ha multiplicado por más de dos veces y media. Además, prevé que la presión sobre esos componentes continúe durante 2027. La enorme demanda de los centros de datos de inteligencia artificial está compitiendo por capacidad industrial con ordenadores, móviles y dispositivos de consumo.
Una Series S que pierde su principal ventaja
Series S se presentó como una forma asequible de acceder al catálogo de la nueva generación. Carece de lector, ofrece menos potencia gráfica que Series X y parte de una capacidad de almacenamiento inferior, pero permitía jugar a los mismos lanzamientos por una inversión más contenida. Con un precio de 499,99 euros, esa propuesta resulta mucho más difícil de defender.
También hay que considerar el espacio utilizable. Los juegos actuales pueden ocupar más de cien gigabytes, por lo que una unidad de 512 GB se llena con pocos títulos grandes. Las tarjetas de expansión oficiales añaden otro gasto y un disco USB convencional no puede ejecutar todos los juegos optimizados para Series X y S. La versión de 1 TB ofrece más margen, aunque sus 599,99 euros la colocan en una zona especialmente competida.
El efecto sobre Game Pass y el mercado de segunda mano
Xbox sigue apoyándose en Game Pass para reducir la barrera del software. La suscripción permite acceder a un catálogo amplio sin comprar cada juego por separado, pero no compensa por completo una consola más cara. El usuario debe sumar la cuota periódica al precio del equipo y valorar qué ocurre si deja de pagarla.
La subida también puede impulsar el mercado de segunda mano. Las Xbox Series X usadas con lector ganan atractivo porque conservan acceso a juegos físicos y cuestan menos que una unidad nueva. Antes de comprar conviene comprobar el estado del HDMI, el mando, la ventilación y la unidad óptica, además de exigir que la consola se entregue desvinculada de cualquier cuenta.
Quienes ya tienen una Xbox funcional no necesitan precipitarse. La mejora entre revisiones de una misma generación rara vez justifica pagar el precio completo si el equipo actual responde bien. Para nuevos compradores, en cambio, comparar paquetes, modelos reacondicionados y el coste total de almacenamiento resulta más importante que nunca.
Las consolas dejan de abaratarse con el tiempo
La decisión de Microsoft confirma un cambio de época. Fabricar el mismo producto durante años ya no garantiza que sea más barato si la memoria, la logística y la capacidad de producción se encarecen. Las consolas compiten además con otros dispositivos por componentes que antes podían contratarse con mayor estabilidad.
Xbox Series X continúa siendo una máquina potente y el lector aporta una flexibilidad valiosa, pero 799,99 euros obligan a pensarlo dos veces. El precio de entrada, los juegos, la suscripción y el almacenamiento forman ahora una inversión considerable. La pregunta ya no es únicamente qué consola ofrece mejores gráficos, sino cuánto costará mantenerla durante toda su vida útil.








