La NASA ha publicado una galería de 16 imágenes de galaxias observadas en rayos X por el telescopio espacial Chandra. La colección reúne sistemas con formas, tamaños y procesos físicos muy diferentes, desde espirales relativamente próximas hasta galaxias en colisión, núcleos activos y pequeñas galaxias irregulares que atraviesan intensos episodios de formación estelar.
No se trata únicamente de una selección visual. Cada composición combina datos acumulados durante las décadas de actividad de Chandra con observaciones de otros instrumentos terrestres y espaciales. Entre ellos figuran los telescopios James Webb y Hubble, IXPE, el observatorio Neil Gehrels Swift y NuSTAR. La superposición permite relacionar fenómenos de alta energía con estrellas, gas y polvo que aparecen en otras longitudes de onda.
Una misma galaxia observada con distintos instrumentos
Los rayos X permiten localizar algunos de los procesos más energéticos del universo, como la actividad de agujeros negros, el gas extremadamente caliente, los restos de supernovas o los sistemas binarios en los que una estrella de neutrones o un agujero negro extrae materia de una compañera. La luz óptica, infrarroja y ultravioleta añade información sobre estrellas jóvenes, regiones de hidrógeno y estructuras ocultas por el polvo.
La combinación de varias longitudes de onda ofrece una lectura más completa que una imagen obtenida con un solo telescopio. En M33, por ejemplo, Chandra distingue fuentes puntuales como binarias de rayos X, mientras el instrumento MUSE del Very Large Telescope cartografía regiones de hidrógeno y Swift revela poblaciones de estrellas jóvenes y masivas distribuidas por los brazos espirales.
La proximidad de M33 permite estudiar objetos individuales de alta energía y analizar cómo la actividad de las estrellas afecta al conjunto de la galaxia. Esa mirada complementa investigaciones sobre la evolución de nuestro entorno cósmico, como el estudio de la historia del Sol y sus efectos sobre la Tierra, aunque ambas escalas y fenómenos sean muy distintos.
De agujeros negros a colisiones galácticas
La selección representa las tres grandes categorías utilizadas por los astrónomos: galaxias espirales, elípticas e irregulares. Entre los casos mostrados aparece una espiral barrada cuya estructura canaliza gas hacia el núcleo. Los rayos X señalan agujeros negros en crecimiento, mientras Hubble aporta luz óptica y Webb deja ver filamentos de polvo en el infrarrojo.
Ese tipo de sistema resulta especialmente útil porque la Vía Láctea también es una galaxia espiral barrada. Observar cómo circula el gas en otras galaxias puede aportar pistas sobre la alimentación de su agujero negro central y sobre los mecanismos que impulsan la formación de nuevas estrellas en la nuestra.
La galería también incluye II Zw 096, un sistema caótico y cubierto de polvo en el que varias galaxias están fusionándose. Chandra localiza actividad de agujeros negros y gas caliente, mientras Webb y Hubble muestran regiones de formación estelar. Estos entornos ayudan a investigar cómo las colisiones galácticas pudieron modelar el universo temprano.
Otro ejemplo es M106, conocida por dos brazos anómalos compuestos de gas caliente. Las observaciones de Chandra muestran ondas de choque generadas por chorros procedentes del agujero negro central. Esas estructuras pueden parecer brazos espirales formados por estrellas, aunque su origen físico sea diferente, y evidencian cómo un agujero negro supermasivo puede influir en la evolución de toda una galaxia.
Una galería con utilidad científica
Las composiciones también muestran fenómenos que suceden a escalas enormes. Una galaxia espiral que atraviesa a gran velocidad el gas caliente del cúmulo de Virgo está perdiendo parte de su propio gas y deja tras de sí filamentos de hidrógeno de más de 300.000 años luz. Chandra identifica dentro de su disco fuentes de alta energía y gas difuso caliente.
Centaurus A aporta otro escenario: una galaxia elíptica gigante inmersa en una fusión con abundante polvo. Sus imágenes revelan un potente chorro de partículas que se extiende decenas de miles de años luz. La relativa cercanía de esta galaxia activa facilita estudiar con detalle los efectos de los chorros producidos por agujeros negros supermasivos.
El valor práctico de la colección reside en hacer comparables procesos que normalmente se analizan por separado. Al reunir agujeros negros, estallidos de formación estelar, fusiones y pérdida de gas bajo una presentación común, la galería ayuda a conectar la apariencia de cada galaxia con los mecanismos que condicionan su evolución. También muestra por qué Chandra sigue siendo relevante: sus datos históricos pueden reinterpretarse junto a observaciones más recientes de Webb y otros telescopios.








