El verano de 2026 está dejando una combinación especialmente preocupante de calor extremo, sequía e incendios forestales. La Agencia Espacial Europea (ESA) reúne nuevas observaciones de sus satélites para mostrar cómo estos fenómenos se extienden y se relacionan entre sí, desde temperaturas inusuales en Europa occidental hasta humo, vegetación afectada y niveles bajos de los ríos.
Según los datos citados por la agencia, junio de 2026 fue el segundo junio más cálido registrado a escala mundial. Europa occidental, además, vivió su junio más cálido desde que existen registros. El calor por sí solo no explica todos los fuegos, pero, unido a la escasez de lluvia, la pérdida de humedad del suelo y el viento, crea unas condiciones que facilitan su propagación.
Los satélites convierten la emergencia en información útil
La vigilancia espacial permite seguir una crisis que no se detiene en las fronteras administrativas. Las imágenes Sentinel-2, por ejemplo, combinan color natural e infrarrojo para observar el estado de la vegetación y las zonas calientes. En una de las escenas recopiladas por la ESA, el Danubio al norte de Budapest aparece con un nivel excepcionalmente bajo por la intensa sequía que afecta a Europa central.
El sistema también ha detectado penachos de humo y partículas en la atmósfera. Los datos de Sentinel-5P captados el 26 de julio muestran el índice de aerosoles sobre Francia tras varios días de incendios en áreas de campo seco. Este tipo de medición resulta relevante para evaluar el alcance regional de las emisiones y su posible efecto sobre la calidad del aire.

La respuesta operativa ya ha requerido un uso sostenido de estas herramientas. Desde el 1 de mayo, el Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus se ha activado más de 30 veces para aportar mapas e imágenes sobre incendios en países de Europa y del Mediterráneo, además de Groenlandia y el Reino Unido. La finalidad no es apagar un incendio desde el espacio, sino ofrecer datos recientes a quienes planifican la respuesta y valoran los daños.
Calor en tierra y mar, humo en la atmósfera
La ESA destaca que Sentinel-3 complementa esta vigilancia al medir temperatura de la superficie terrestre y marina. Su instrumento OLCI observa franjas de hasta 1.270 kilómetros de ancho, mientras que el radiómetro SLSTR se emplea para medir con precisión la temperatura sobre tierra y océano. Esa cobertura ayuda a situar los episodios de calor dentro de una evolución más amplia, incluida la anomalía de temperatura marina detectada en el Mediterráneo el 29 de junio.
Los incendios también forman parte del problema climático. La agencia señala que la quema de materia orgánica en bosques, matorrales y pastizales puede representar hasta el 35 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. La cifra ilustra un círculo de presión: las condiciones secas aumentan el riesgo de fuego y los incendios liberan más gases y contaminantes.
Quedan por confirmar los balances finales de superficie quemada, daños y emisiones de toda la temporada. Pero las observaciones ya disponibles permiten seguir la evolución casi en tiempo real y entender por qué los datos ambientales, igual que ocurre en otras campañas de investigación aérea como el laboratorio volador de la NASA, son una pieza práctica para anticipar decisiones ante fenómenos extremos.







