El telescopio espacial Hubble ha encontrado pruebas definitivas de una colisión que ayudó a configurar la Vía Láctea durante sus primeras etapas. Según la NASA, una galaxia enana denominada LKH chocó y se fusionó con nuestra galaxia hace unos 12.000 millones de años, cuando la Vía Láctea todavía era joven.
La conclusión procede del estudio de datos de Hubble sobre cúmulos estelares globulares. Este análisis ha permitido identificar la huella de aquella antigua fusión y resolver una parte de la historia temprana de la galaxia que hasta ahora no estaba respaldada por evidencias concluyentes. La NASA presentó el hallazgo junto con una recreación artística de la colisión, publicada el 17 de agosto de 2026.
Los cúmulos globulares conservan la pista de LKH
El dato esencial no es solo la existencia de LKH, sino que Hubble ha permitido vincular sus restos con una fusión concreta. Los investigadores llegaron a esa conclusión estudiando cúmulos estelares globulares, que funcionan en este caso como registros observables de acontecimientos sucedidos durante las primeras fases de evolución de la Vía Láctea.

La fuente oficial califica la evidencia como definitiva. Esto diferencia el resultado de una mera recreación hipotética: la ilustración difundida por la NASA representa el choque, pero la confirmación científica procede del análisis de los datos obtenidos por el telescopio. El estudio asociado se ha publicado recientemente en una revista científica, aunque el extracto facilitado por la agencia no identifica su nombre.
La historia conocida de la galaxia retrocede 1.800 millones de años
El alcance cronológico es considerable. El descubrimiento amplía en 1.800 millones de años el conocimiento disponible sobre la historia de la Vía Láctea. En términos prácticos, permite situar un episodio de crecimiento galáctico mucho más atrás de lo que podían sostener las pruebas anteriores y añade un punto de referencia confirmado para reconstruir sus etapas iniciales.
El resultado también muestra el valor de revisar observaciones astronómicas con preguntas nuevas. Los datos de Hubble no ofrecen una fotografía directa del choque ocurrido hace 12.000 millones de años, pero el estudio de los cúmulos permite reconocer su rastro. Así, una población estelar observable en la actualidad aporta información sobre un acontecimiento extraordinariamente remoto.
La confirmación se suma a la extensa labor científica del telescopio espacial, mientras la agencia continúa desarrollando otros programas de observación y divulgación. Esa continuidad también queda reflejada en trabajos como el dedicado a los fotógrafos de la NASA que preservan la historia espacial, aunque en este caso son los datos astronómicos los que conservan el pasado.
Una pieza confirmada, no una reconstrucción completa
La fusión con LKH queda respaldada, pero el expediente no detalla todas sus consecuencias. La información publicada no cuantifica cuánto material aportó la galaxia enana, cuánto duró el proceso ni qué cambios concretos produjo en la estructura de la Vía Láctea joven. Por tanto, el hallazgo confirma el acontecimiento y su antigüedad, pero no permite atribuirle efectos adicionales que la fuente oficial no haya establecido.
Lo que sí queda fijado es una cronología más profunda: una galaxia enana identificada como LKH se integró en la Vía Láctea hace unos 12.000 millones de años, y los cúmulos globulares estudiados con Hubble contienen las pruebas que han permitido reconocer aquel episodio.








