La NASA ha confirmado la entrada en servicio de la antena DSS-23, una instalación de 34 metros de diámetro situada en Goldstone, cerca de Barstow (California). La infraestructura opera desde el 3 de agosto, tras una campaña de pruebas desarrollada entre mayo y julio, mientras que su inauguración se celebró el 25 de agosto.
Una nueva vía para hablar con naves lejanas
La entrada en servicio no fue un acto simbólico: DSS-23 comenzó siguiendo al observatorio Chandra y, desde entonces, ha comunicado con decenas de misiones. Entre ellas figuran Mars Reconnaissance Orbiter, Psyche, Juno y Voyager 1, la sonda que continúa enviando datos desde el espacio interestelar. Cada nueva antena amplía la capacidad de una red que debe repartir tiempo, señales y prioridades entre numerosos vehículos científicos.
Goldstone es uno de los tres grandes complejos del Deep Space Network (DSN), junto a los situados en Madrid y Canberra. Esta distribución permite mantener contacto con las misiones a medida que la Tierra gira: cuando una nave deja de estar al alcance de una estación, otra puede asumir la comunicación. En conjunto, el sistema presta apoyo a más de 100 misiones de la NASA y de otras organizaciones.
Diseñada para facilitar las actualizaciones
DSS-23 es una antena multifrecuencia de guía de ondas. En vez de concentrar todos los equipos junto a la estructura exterior, conduce las señales mediante guías hasta una sala subterránea climatizada. Allí se alojan los componentes más sensibles, protegidos de las condiciones ambientales y con un acceso más cómodo para las tareas de mantenimiento o para futuras renovaciones tecnológicas.
Ese diseño importa porque las antenas del DSN no solo reciben señales procedentes de lugares remotos. También deben transmitir órdenes con precisión y adaptarse a nuevas necesidades de comunicación. El refuerzo aumenta el margen para atender misiones con perfiles distintos y para mantener una infraestructura que debe funcionar durante periodos muy prolongados.
La antena es la quinta de Goldstone y también la quinta incorporación al Aperture Enhancement Project, el programa de ampliación de la red. El plan contempla seis antenas nuevas de 34 metros. La última, DSS-33, está prevista para el complejo de Canberra en 2029, con lo que se completará una modernización repartida entre los tres puntos estratégicos del DSN.
Una infraestructura invisible para la exploración
Las grandes misiones espaciales dependen tanto de sus instrumentos como de la posibilidad de enviar sus mediciones a la Tierra. Una sonda puede fotografiar Marte, estudiar Júpiter o medir partículas más allá del Sistema Solar, pero esos datos solo resultan útiles cuando atraviesan millones o miles de millones de kilómetros y llegan a una estación terrestre capaz de captarlos. DSS-23 suma capacidad a esa infraestructura de comunicaciones.
La mejora es especialmente relevante para una red que atiende trabajos de duración muy distinta: desde operaciones en órbita marciana hasta misiones lanzadas hace décadas. Voyager 1 es un ejemplo extremo de esa continuidad; su enlace exige una infraestructura preparada para detectar y procesar una señal muy tenue. También sostendrá operaciones de naves como Psyche y Juno, centradas en objetivos muy diferentes del Sistema Solar.
Para conocer otra vertiente de la actividad de la agencia, puede consultarse la información sobre los centros estatales de formación de técnicos aeroespaciales impulsados por la NASA.
Con DSS-23, Goldstone suma una pieza pensada para durar y evolucionar. Su valor no reside solo en sus 34 metros de diámetro, sino en la capacidad de sostener un flujo constante de comandos y datos para una flota espacial amplia. La exploración lejana necesita una red terrestre a su altura, y DSS-23 es una nueva parte de esa red.








