Samsung quiere que sus primeras gafas inteligentes sean algo más que una cámara colocada delante de los ojos. La compañía ha presentado un dispositivo pensado para llevar la inteligencia artificial fuera de la pantalla del móvil, con Gemini como asistente, hasta nueve horas de uso activo y una integración estrecha con teléfonos, relojes y auriculares Galaxy. El objetivo declarado no es sustituir al smartphone, sino obligarnos a sacarlo menos del bolsillo.
La propuesta llega en un momento en el que las gafas con cámara y asistente de voz empiezan a abandonar el terreno experimental. Samsung entra con una ventaja evidente: ya controla buena parte del ecosistema que rodeará al nuevo dispositivo. Sin embargo, todavía quedan incógnitas importantes, como el precio, la fecha concreta de venta en España y la lista definitiva de funciones disponibles en cada idioma.
Una IA que ve y escucha lo mismo que el usuario
Las gafas incorporan cámara, micrófonos y altavoces en la montura. Esa combinación permite que la IA entienda el contexto inmediato y responda sin que el usuario tenga que mirar una pantalla. Entre los usos mostrados están las indicaciones en tiempo real, la traducción en directo, la captura de imágenes en primera persona y las consultas relacionadas con aquello que se tiene delante.
La clave no está tanto en añadir otra forma de hablar con un asistente como en darle información visual y sonora. Una pregunta puede referirse directamente a un objeto, un cartel o una situación sin necesidad de describirlos antes. Gemini podrá interpretar lo que captan la cámara y los micrófonos para ofrecer respuestas vinculadas al entorno. Algunas funciones exigirán conexión, aplicaciones compatibles y permisos del usuario.
Hasta nueve horas y un estuche para varios días
Samsung asegura que las gafas alcanzan hasta nueve horas de uso activo con una carga, incluso en tareas exigentes como utilizar Gemini o grabar vídeo. El estuche puede proporcionar más de siete cargas completas. Son cifras especialmente relevantes en un dispositivo que debe ser ligero y que dispone de muy poco espacio para alojar batería, procesador y sistemas de refrigeración.
Para contener el peso, se han utilizado bisagras delgadas, piezas moldeadas con paredes finas y materiales ligeros. La montura reparte la masa entre ambos lados y emplea una lámina térmica de grafito en la patilla izquierda para alejar del rostro el calor producido por el procesador. Samsung afirma haber presentado alrededor de 200 solicitudes de patentes relacionadas con esta categoría.
El fabricante también ha sometido el dispositivo a pruebas de temperatura, humedad, sudor, cosméticos y protector solar, además de ciclos de plegado y expansión de las bisagras. El reto consiste en ofrecer la resistencia de un producto electrónico sin perder la comodidad de unas gafas convencionales, algo que dependerá tanto del peso final como del ajuste sobre distintos tipos de rostro.
El móvil seguirá siendo parte esencial del sistema
Las gafas funcionarán como complemento de los teléfonos Galaxy mediante un sistema de computación distribuida: parte del trabajo se realizará en la montura y otra parte en el móvil conectado. Una grabación podrá iniciarse sin manos, previsualizarse desde Now Bar y terminar en la Galería del teléfono. También habrá acceso a aplicaciones de Samsung, servicios de Google y contenidos de terceros.
La integración se extiende a Galaxy Watch y Galaxy Buds. Desde el reloj será posible controlar las gafas mediante la pantalla o con gestos, aunque esta última opción estará limitada inicialmente al Galaxy Watch9. Los auriculares podrán asumir el audio cuando estén conectados. Es una estrategia similar a la que la marca aplica en su nueva generación de plegables Galaxy: el valor no depende únicamente del aparato, sino de cómo encaja con el resto del ecosistema.
La privacidad será una prueba decisiva
Una cámara siempre disponible plantea dudas para quienes rodean al usuario. Las gafas incluyen un LED exterior que avisa de la grabación y otro indicador interior. Si se retiran de la cara, la captura se detiene automáticamente; si alguien tapa el indicador externo, el sistema también desactiva la grabación. Los datos de audio, vídeo y pantalla compartida no se emplearán para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Estas medidas responden a una preocupación que ya ha impulsado herramientas capaces de detectar gafas inteligentes cercanas. Los indicadores luminosos ayudan, pero su eficacia dependerá de que sean visibles en exteriores, no puedan anularse y resulten comprensibles para cualquier persona. La aceptación social será tan importante como la autonomía o la calidad de la cámara.
Qué falta por conocer
Samsung ya ha enseñado el diseño general y ha explicado sus prioridades técnicas, pero no ha cerrado todos los detalles comerciales. La disponibilidad variará según el mercado y las especificaciones todavía pueden cambiar. Tampoco se ha confirmado un precio oficial para España, por lo que las cifras que circulan antes de la apertura de ventas deben tratarse con cautela.
Las gafas representan una apuesta seria por convertir la IA contextual en una interfaz cotidiana, no una simple demostración de laboratorio. Aun así, su éxito dependerá de cuestiones muy terrenales: que sean cómodas durante horas, que la batería responda en el uso real, que Gemini resulte útil en español y que las salvaguardas de privacidad convenzan tanto a quien las lleva como a quien aparece delante de su cámara.








