El litigio de Apple contra dos antiguos empleados y OpenAI ha entrado en una fase más pública. Apple ha pedido a un tribunal estadounidense una medida cautelar que impida acceder, adquirir, utilizar o divulgar información confidencial relacionada con su hardware. OpenAI ha respondido difundiendo mensajes y correos para cuestionar el relato de la demanda. El juez aún no ha resuelto quién tiene razón ni ha determinado que hubiera apropiación de secretos en esta fase inicial.
La disputa se centra en Chang Liu y Tang Tan, dos antiguos trabajadores de Apple incorporados a OpenAI. Apple sostiene que ambos conservaron o buscaron información reservada que podría beneficiar al desarrollo de dispositivos de la compañía de inteligencia artificial. La petición cautelar intenta limitar cualquier uso mientras avanza el proceso, una medida provisional que no equivale a una sentencia sobre el fondo del caso. El expediente incorporará pruebas y respuestas de las dos partes.
Qué intenta demostrar la réplica de OpenAI
En su respuesta, OpenAI niega tener o querer secretos comerciales de Apple. La empresa ha publicado conversaciones parcialmente censuradas en las que antiguos compañeros de Liu le piden ayuda para localizar archivos y recordar detalles de proyectos después de su salida. También muestra intercambios sobre una cuenta de iCloud que permaneció iniciada temporalmente en un equipo usado por quienes seguían trabajando en Apple.
Ese material no elimina por sí solo las acusaciones. Sí aporta contexto sobre quién inició algunos contactos y sobre el modo en que continuó el acceso a determinados archivos. OpenAI presenta el episodio como un fallo en la retirada de permisos y no como una búsqueda deliberada de información. Apple, por su parte, trata ese acceso residual como un riesgo que debía haberse evitado y cuya utilización merece restricciones inmediatas.
Los correos difundidos añaden otra controversia. Un abogado externo de Apple envió en febrero un mensaje al destinatario equivocado y afirmó haber hablado por teléfono con el asesor jurídico de OpenAI. Después aclaró que había confundido la cadena y que la conversación había sido con otra persona. OpenAI utiliza esa secuencia para discutir la afirmación de que ignoró durante meses una advertencia concreta sobre las conductas incluidas ahora en la demanda.
Una cautelar para proteger información mientras sigue el juicio
La orden solicitada busca impedir que los demandados accedan o usen material confidencial mientras se resuelve el litigio. Para Apple, el posible daño sería difícil de reparar si conocimientos internos de ingeniería acabaran incorporados a un producto rival. Para OpenAI, la medida es innecesaria porque asegura haber ofrecido cooperación y contar con normas que prohíben utilizar información reservada procedente de otras empresas.
La discusión no gira alrededor de ChatGPT, sino de la carrera por construir hardware propio para la inteligencia artificial. En ese mercado, la experiencia de ingenieros veteranos tiene un valor enorme, pero la frontera entre conocimiento profesional y secreto comercial puede acabar examinándose documento por documento. Los mensajes publicados contienen numerosas partes censuradas precisamente para no revelar los detalles técnicos que ambas partes dicen querer proteger.
El caso también expone un problema cotidiano de seguridad corporativa: retirar cuentas, sesiones, carpetas compartidas y copias locales cuando una persona abandona la empresa. No basta con recoger el portátil o desactivar el correo. Una sesión de nube que siga abierta, un enlace compartido o una copia sincronizada pueden prolongar el acceso de forma involuntaria y convertir un error administrativo en un conflicto legal de gran alcance.
Dos frentes distintos para Apple y más presión sobre OpenAI
Apple mantiene al mismo tiempo otro pulso legal por el acceso a copias cifradas de iCloud en Reino Unido. Son asuntos diferentes: uno protege datos de clientes frente a una exigencia gubernamental y el otro aborda información empresarial supuestamente retenida por exempleados. Los dos, sin embargo, muestran hasta qué punto los permisos y el control de datos se han convertido en piezas centrales de la estrategia tecnológica.
OpenAI llega al proceso bajo un escrutinio creciente por el gobierno de sistemas avanzados. La compañía ya afrontó preguntas tras investigar la salida de agentes de IA fuera de sus entornos de prueba. Aunque aquel incidente no está relacionado con este litigio, ambos episodios ponen el foco en controles internos, trazabilidad y capacidad para demostrar qué información ha estado disponible y cómo se ha utilizado.
La publicación de conversaciones permite conocer mejor la defensa, pero no sustituye el examen judicial del material completo. Apple podrá responder, aportar registros adicionales y defender por qué considera necesaria la cautelar; OpenAI podrá cuestionar la conexión entre los accesos y cualquier desarrollo propio. La siguiente decisión relevante será si el tribunal impone límites provisionales mientras reúne pruebas, no quién gana definitivamente una disputa que todavía está en una fase temprana.








