La NASA y Katalyst Space han cancelado el plan para capturar el observatorio Neil Gehrels Swift y elevar su órbita. El motivo es un problema persistente con el control de actitud de LINK, la nave robótica enviada para ejecutar una operación de mantenimiento sin precedentes. Sin esa intervención, la agencia prevé que Swift reingrese probablemente en la atmósfera terrestre a finales de 2026.
La decisión pone fin al objetivo principal de LINK, pero no necesariamente a toda su actividad cerca del telescopio. Los equipos pretenden intentar operaciones de encuentro y proximidad para probar capacidades que puedan servir en futuras misiones. La prioridad pasa así de prolongar la vida científica de Swift a recopilar datos sobre navegación, aproximación y mantenimiento de satélites en órbita.
Un fallo de orientación frustró la captura
LINK fue lanzada el 3 de julio a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman desde el atolón de Kwajalein, en el Pacífico Sur. Durante las semanas posteriores, los equipos establecieron comunicaciones y realizaron comprobaciones en órbita. Después apareció el problema de control de actitud, que hizo girar la nave y provocó interrupciones esporádicas en el enlace.
La NASA y Katalyst Space estudiaron cambios en el sistema de navegación y distintos métodos para detener la rotación y estabilizar LINK. Sin embargo, el fallo persistió. La nave ya no intentará capturar Swift ni impulsarlo hasta una órbita más alta, una maniobra especialmente compleja porque el observatorio carece de asas o puntos de anclaje diseñados para este tipo de servicio.
El proyecto se había planteado como una misión de riesgo elevado y posible recompensa considerable. Katalyst recibió el contrato en septiembre de 2025 y debía preparar la intervención robótica en menos de un año, condicionada por el rápido deterioro orbital. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha reconocido que el desenlace no era el buscado, aunque la agencia espera aplicar lo aprendido a operaciones posteriores.
Por qué Swift está perdiendo altura
Swift fue lanzado en 2004 para estudiar estallidos de rayos gamma —las explosiones más energéticas del universo— y otros fenómenos cósmicos transitorios. Su misión principal estaba diseñada para durar dos años, pero el observatorio ha acumulado más de dos décadas de actividad científica. Durante ese tiempo ha funcionado como una herramienta capaz de detectar sucesos breves y facilitar su seguimiento con otros instrumentos.
La degradación de su órbita se aceleró en 2025 por el aumento de la actividad solar. Incluso a cientos de kilómetros de altura queda una atmósfera extremadamente tenue que ejerce resistencia sobre los satélites y reduce gradualmente su velocidad y altitud. Swift no dispone de un motor con el que recuperar por sí mismo la órbita perdida, de modo que dependía de una intervención externa para prolongar sus operaciones.
El problema no es exclusivo de este observatorio. Otros instrumentos veteranos sin propulsión suficiente también sufren una pérdida gradual de altura, incluido el telescopio Hubble, que continúa aportando datos sobre la evolución de la Vía Láctea. La diferencia está en la urgencia de Swift y en el intento de resolverla mediante una nave comercial preparada con un calendario muy ajustado.
El valor de una misión que ya no puede salvarlo
La cancelación reduce el tiempo disponible para las observaciones científicas de Swift y obliga a la NASA a apoyarse en otras misiones para reaccionar ante nuevos eventos cósmicos. La agencia seguirá priorizando alternativas capaces de localizar y estudiar rápidamente estos fenómenos, una función importante porque los estallidos de rayos gamma y otros sucesos transitorios pueden desaparecer o cambiar en muy poco tiempo.
LINK, por su parte, aún puede aportar experiencia práctica. Acercarse de forma controlada a un satélite que no fue diseñado para recibir mantenimiento permite evaluar sensores, navegación autónoma y procedimientos de seguridad. Los datos recopilados podrían mejorar futuras misiones destinadas a inspeccionar, reparar o modificar la órbita de naves ya desplegadas, aunque en este caso no evitarán el final de Swift.
La previsión disponible sitúa la reentrada a finales de este año, pero no aporta una fecha ni un punto concretos. El descenso será consecuencia de la pérdida continuada de altura y culminará con la entrada del observatorio en las capas más densas de la atmósfera, donde se espera que se desintegre. Hasta entonces, la NASA y Katalyst evaluarán las operaciones de proximidad que LINK todavía pueda realizar sin intentar la captura cancelada.








